VOCES QUE CUENTAN: GONZALO MOURE

 

Ayer, en el aeropuerto de Valencia, con unos “insportables 32 grados”, leí la nota en el blog, “No es humano”, con las terribles condiciones de los campamentos, donde el termómetro llegó a los 60 grados. A esa temperatura, muchos ancianos y recién nacidos habrán muerto, estarán muriendo. ¿De verdad tiene sentido seguir con nuestras bibliotecas, con el Bubisher? Dan ganas de dejarlo todo y de dedicarse a mover tierra y cielo para que el terrible exilio, 42 años, se acabe de una vez. Los saharauis pertenecen a una tierra seca y cálida, sí, pero cerca del mar, humana y fértil. La hamada argelina es el infierno, sin más, y nadie merece vivir en el infierno, ni siquiera los escorpiones. Pero luego tratas de pensar despacio, y te dices: sí, mientras vivan allí, hay que seguir construyendo bibliotecas, llenándolas de cariño, de actividades, dejando que sean los propios saharauis los que lleven a sus niños y jóvenes a replantearse todo. A buscar su camino, sea el que sea. Porque no otra cosa es la cultura que eso: la capacidad de decidir por uno mismo, conociendo el mundo, qué es, cómo es, por injusto que sea.
Me conformo con saber que gracias a Mar Benegas, que me invitó, sembramos casi cien ejemplares de “El niño de luz de plata” en casi cien mochilas. Y que de ellos nacerán actividades en muchos centros, de Valencia y más allá, para seguir haciendo posible el Bubisher, aunque sea en una tierra imposible. Me siento mal, me siento enfermo de asco y de rabia. Pero como dice Nuno Marçal, resistiremos, insistiremos, y nunca nos rendiremos. En este momento, creo que no hay otra salida que esa: adelante.

3 respuestas a VOCES QUE CUENTAN: GONZALO MOURE

  1. Tanto qué aprender de ustedes. Te leo y retomo fuerza para continuar en mis humildes proyectos. Un abrazo muy grande y gracias por todo lo que nos aportas como escritor y ser humano.

  2. Amparo Vázquez

    No dudes, Gonzalo que hay que seguir sembrando la cultura para que esos niños se vayan formando y puedan, cuando crezcan, ayudar a otros niños.
    Un fuerte abrazo y piensa en todo el bien que les haces abriendo caminos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *